Saltar al contenido
Política, poder y cultura digital Edición 014 · octubre 2026
Súmate ↗
Al momento Te contamos por qué Contexto antes que ruido La política se mueve. Nosotros te contamos por qué.
México septiembre 8, 2026 7 min

¿Señalados o condenados? Cinco expedientes que exhiben los vínculos entre política y narcotráfico

No todos los nombres cargan con el mismo peso: algunos ya fueron condenados, mientras otros apenas enfrentan acusaciones que deberán probarse ante un tribunal

En México, acusar a un político de estar relacionado con el narcotráfico se ha convertido en una herramienta recurrente de confrontación. Basta una fotografía, una declaración o el testimonio de un criminal para que la etiqueta de “narcopolítico” comience a circular.

Pero señalar no es probar.

Por eso, en Política Bebida elaboramos un ejercicio para diferenciar los rumores de los expedientes judiciales. El objetivo no es declarar culpables desde una redacción, sino medir qué tan sólida es la información pública disponible sobre cada caso.

El resultado incluye políticos y altos funcionarios del PRI, Morena y gobiernos encabezados por el PAN. Porque si algo demuestra la historia reciente es que la infiltración del narcotráfico no reconoce colores partidistas.

¿Cómo se construyó el ranking?

Creamos el Índice de Solidez del Expediente Narcopolítico, una escala editorial de cero a cien puntos que considera cinco elementos:

  • Situación jurídica: investigación, acusación formal o sentencia.
  • Calidad de las pruebas conocidas públicamente.
  • Relación directa o indirecta con organizaciones criminales.
  • Participación de una o varias autoridades.
  • Vigencia del proceso o de la condena.

La puntuación no representa una probabilidad matemática de culpabilidad. Mide la fuerza del expediente público y permite distinguir entre una persona condenada y otra que conserva plenamente la presunción de inocencia.

1. Genaro García Luna: 100 puntos

El caso más sólido de la lista también es uno de los más incómodos para el Estado mexicano.

Genaro García Luna fue secretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón y llegó a convertirse en el principal responsable de la estrategia federal contra el narcotráfico. Sin embargo, un jurado estadounidense concluyó que, mientras encabezaba esa lucha, colaboraba con el Cártel de Sinaloa.

En febrero de 2023 fue declarado culpable de cinco delitos, entre ellos participar en una empresa criminal continua y conspirar para distribuir e importar cocaína. En octubre de 2024 fue sentenciado a más de 38 años de prisión.

De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, García Luna recibió millones de dólares en sobornos y utilizó a la Policía Federal para proteger cargamentos, filtrar información y facilitar operaciones criminales.

Aquí ya no hablamos de una sospecha ni de una acusación política: existe una condena dictada después de un juicio.

La pregunta crítica permanece: ¿cómo pudo operar durante tantos años desde la parte más alta del aparato de seguridad sin que las instituciones mexicanas lo detectaran, lo impidieran o lo procesaran?

2. Mario Villanueva Madrid: 98 puntos

Mario Villanueva pasó de gobernar Quintana Roo por el PRI a convertirse en uno de los casos más representativos de penetración criminal en un gobierno estatal.

El exgobernador se declaró culpable en Estados Unidos de conspirar para lavar millones de dólares provenientes de sobornos del Cártel de Juárez. Según el expediente, habría recibido entre 400,000 y 500,000 dólares por cada cargamento de cocaína al que se permitía atravesar Quintana Roo.

En 2013 fue sentenciado a 131 meses de prisión en Estados Unidos. Antes también había sido condenado en México por delitos relacionados con delincuencia organizada y corrupción.

El expediente estadounidense describe una estructura en la que el poder político no solamente ignoraba las operaciones del narcotráfico: presuntamente garantizaba el paso seguro de los cargamentos.

Villanueva muestra hasta qué punto un gobierno estatal puede convertirse en una pieza logística para las organizaciones criminales.

3. Tomás Yarrington: 83 puntos

Tomás Yarrington gobernó Tamaulipas por el PRI y llegó a buscar la candidatura presidencial de su partido. Años después fue detenido en Italia mientras viajaba con identidad y documentación falsas.

En Estados Unidos enfrentó originalmente acusaciones relacionadas con delincuencia organizada, narcotráfico, fraude y lavado de dinero. Finalmente, se declaró culpable de conspiración para lavar recursos procedentes de sobornos ilegales y fue sentenciado en 2023 a nueve años de prisión.

Esta diferencia importa: Yarrington no fue condenado por narcotráfico, sino por lavado de dinero. Las acusaciones originales sí lo relacionaban con organizaciones criminales, pero la sentencia debe explicarse con precisión.

Según el Departamento de Justicia estadounidense, utilizó prestanombres para adquirir propiedades, desarrollos comerciales, vehículos y otros bienes con recursos ilícitos.

El caso obtiene una puntuación alta porque existe una declaración de culpabilidad y operaciones financieras acreditadas. Sin embargo, recibe menos puntos que García Luna y Villanueva porque la sentencia no estableció directamente su culpabilidad por narcotráfico.

4. Rubén Rocha Moya: 75 puntos

El caso de Rubén Rocha Moya se encuentra en una etapa completamente distinta.

En abril de 2026, fiscales federales de Estados Unidos presentaron una acusación contra el gobernador de Sinaloa por conspiración para importar narcóticos y delitos relacionados con armas.

El documento sostiene que Los Chapitos habrían apoyado su llegada al gobierno mediante la intimidación de adversarios y que, a cambio, Rocha habría ofrecido protección institucional. También se afirma que habría sostenido reuniones con integrantes de esa facción del Cártel de Sinaloa.

Rocha ha negado las acusaciones y ha cuestionado su motivación política. Hasta ahora no existe una sentencia que determine su culpabilidad.

El expediente es relevante porque no se trata solamente de una declaración periodística o partidista: existe una acusación presentada ante una corte federal. Pero la propia autoridad estadounidense aclara que los cargos son acusaciones y que los señalados deben considerarse inocentes mientras no sean declarados culpables.

Precisamente por eso, su caso no puede equipararse con el de García Luna o Mario Villanueva.

5. Enrique Inzunza Cázarez: 70 puntos

El senador morenista Enrique Inzunza Cázarez fue incluido en el mismo expediente estadounidense contra funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa.

Enfrenta acusaciones por conspiración para importar narcóticos y delitos relacionados con armas. Además, se presentó ante la Fiscalía General de la República para declarar sobre los señalamientos.

La existencia de una acusación formal coloca su caso por encima de un simple rumor, pero todavía no hay una sentencia ni se conoce públicamente el mismo nivel de imputaciones individualizadas presentado contra Rocha Moya.

Inzunza ha rechazado las acusaciones y mantiene la presunción de inocencia. Su inclusión en este ranking mide la existencia y gravedad del proceso abierto, no una culpabilidad que todavía no ha sido demostrada.

El verdadero problema no cabe en un top cinco

Estos expedientes no prueban que toda la política mexicana esté controlada por el narcotráfico. Tampoco permiten responsabilizar automáticamente a presidentes, partidos o administraciones enteras por las conductas de uno de sus integrantes.

Lo que sí exhiben es una constante preocupante: gobernadores, responsables de seguridad, legisladores y autoridades locales han sido acusados de utilizar las instituciones para proteger operaciones criminales.

También dejan otra pregunta incómoda. Varios de los casos más importantes fueron investigados, procesados o sentenciados en Estados Unidos, no en México. La crítica, entonces, no debe quedarse únicamente en los personajes: debe alcanzar a las fiscalías, sistemas de control y redes políticas que no actuaron mientras estas personas acumulaban poder.

La lucha contra la llamada “narcopolítica” pierde credibilidad cuando se utiliza selectivamente para golpear adversarios y se guarda silencio frente a los aliados. Una sentencia contra un integrante del PRI no absuelve a Morena; una acusación contra Morena no limpia los gobiernos del PAN.

Los expedientes deben medirse con la misma vara.

Porque entre el rumor y una sentencia existe una distancia enorme. Y si queremos entender hasta dónde llega la influencia del narcotráfico en la política mexicana, debemos comenzar por algo tan básico como incómodo: distinguir lo que se dice, lo que se investiga y lo que realmente se ha probado.

Temas: · · · · · · · · ·

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sin filtro. Sin corbata.
● Newsletter semanal

Una bebida política directo a tu correo.

Al enviar aceptas nuestra política de privacidad. No almacenamos tu correo en este formulario; la solicitud llega al administrador del sitio.